Desde la universidad nadie nos enseñó a ser jefes. O por lo menos a mi no.
Ni a dar feedback, ni a acompañar a alguien en su crecimiento, ni a lidiar con las emociones que implica liderar personas. Aterrizamos en el mundo laboral y se espera que lo sepamos hacer por instinto, como si fuera algo natural. Pero no lo es. Y por eso demasiada gente comete los mismos errores.
Hay un gran libro que nos da muchísimas herramientas para ser mejores jefes, “Franqueza Radical”, de Kim Scott.
Me gustó mucho porque destruye muchos de los mitos que hemos repetido durante años sobre lo que significa ser un “buen jefe”.
Uno de esos mitos es el de “no tomarse nada personal” o “mantenerlo todo profesional”.
Scott dice todo lo contrario, que liderar bien implica invertirse personalmente en las personas.
Solo cuando alguien siente que te importa de verdad, estás en posición de decirle la verdad, incluso cuando duela.
De lo contrario, la franqueza se vuelve agresión, y el no decir las cosas se vuelve cobardía.
La autora fue líder en Apple y Google de sus escuelas de Liderazgo, trabajó con Steve Jobs y con algunos de los fundadores de Google, y de esas experiencias sacó aprendizajes invaluables.
Lee también «Tracción» de Gino Wickman: el libro que me ayudó a ponerle orden al caos.
Más allá del título llamativo, el libro propone algo muy concreto, ser brutalmente honesto sin perder la empatía.
Para mí, es una de las cosas más difíciles del liderazgo.
Algunas ideas del libro son:
- Cuidar personalmente y desafiar directamente.
La esencia de la franqueza radical está en esa intersección, cuando una persona siente que te importa genuinamente, puede recibir tus retos y críticas sin romper el vínculo.
Ser franco no es ser duro, es ser claro desde el cuidado. - El feedback es un acto de respeto.
Evitar una conversación difícil no es empatía, es egoísmo.
Callar un error por miedo al conflicto puede parecer amable, pero en el fondo le roba al otro la oportunidad de mejorar. - Recibir feedback con apertura.
Los buenos líderes no solo corrigen, también escuchan.
En Google y Apple, Scott aprendió que los mejores jefes eran los que decían “Dime algo que podría estar haciendo mejor.”
Esa apertura crea culturas donde la crítica se ve como una herramienta de crecimiento, no como un ataque. - No todos quieren crecer igual.
Hay personas en etapa de crecimiento y otras en etapa de estabilidad.
Ambas son valiosas, pero requieren gestiones diferentes.
En mi experiencia gestionando personas, este libro me ha servido muchísimo.
El balance está entre cuidar y exigir.
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